¡Epale panita, léeme plis¡

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Chica! Disculpa, ¿me haces el favor y le dices a Vitico que estoy acá? Gracias mi amor.
¡Carajos! Me enardece la descerebrada zalamería con la que me ensordece este seudo homo sapiens. ¿Es qué su vocabulario es anémico o acaso una mutación erradicó de este pequeño rincón del planeta el gen de la cortesía? ¿Estoy despertando entonces, de un coma intelectual y quienes dominan este flato mundo son los insulsos aduladores?
Antes de mi largo sueño, se pavoneaba mi cadáver primoroso por unas calles ventiladas, donde las tipas eran damas y los malandros, caballeros. Donde las doñas expandían como platos sus globos oculares si el mancebo entraba en la botica sin desear las buenas tardes y daban un respingo cuando el mozo tardaba treinta segundos en ceder el asiento al octogenario.
Ahora, al despertar, mi cadáver enervado deambula por una mediana paila del averno, sintiéndose poco merecedora de la tierra que amorosamente la disfrutó con vida y que actualmente la azota con esos sonidos “madre” (carajos, no tengo hijos) “mi vida” (cada cuerpo es la vida de cada quien) “corazón” (soy una ser con corazón, no un corazón con piernas) “epa tu” (si desconoce mi nombre de pila, no se atreva a tutearme) “pssssst” (No creo que permitan que bauticen un niño con una onomatopeya) y mi favorito CHICA (si de verdad pretende usted que mis ojos se posen en su humanidad con respeto y mis oídos lo escuchen con atención, permítame explicarle que existe en nuestro antes hermoso castellano, una copiosa variedad pronombres para tratarme. Quizás los haya olvidado usted señora, quizás la señorita sea demasiado impetuosa, ocupada y ligera para conocerlos. Tal vez el señor se sienta omnipotente para necesitar el respeto. Puede que el joven apoltronado sea “jefe” o seguramente funcionario público y ostente un cargo demasiado “importante” para conocer de esas fútiles y banales formalidades. Pues en fin, lo que en realidad es importante es el fondo, no la forma. Es el contenido, no su expresión. Así que cuando usted caballero, me pregunte la próxima vez por Vitico, tenga la certeza que la mirada turbia y amenazadora, la sonrisa irónica y la respuesta monosílaba de melodía severa, que manan de ésta CHICA, son solamente una anodina forma que encierra en su fondo un lastimero: Pobre idiota, ignorante y descortés.
Ciudad Crepuscular, jueves trece de junio del año dos mil trece
Bípeda Suicida.

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