Cuando pierda todas las partidas,
cuando duerma con la soledad,
cuando se me cierren las salidas
la noche no me deje en paz.
Cuando sienta miedo del silencio,
cuando cueste mantenerse en pie,
cuando se rebelen los recuerdos
y me pongan contra la pared,
¡Resistiré…!
Erguido frente a todo
me volveré de hierro para endurecer la piel
y aunque los vientos de la vida soplen fuerte,
soy como el junco que se dobla
pero siempre sigue en pie,
¡Resistiré…!
(Frag. De la canción de Manuel de la Calva y Carlos Toro Montero)
Cuando oigo esta canción se me sacude el alma. Más, si la canta Raphael, ya entrado en años, en el Festival de Viña del Mar de 2022. Me hace recordar todas las gestas perdedoras del Libertador, que fueron muchas, desde la pérdida de la plaza de Puerto Cabello, que dio origen al trágico episodio de la rendición de Francisco de Miranda. Nunca bajó la cabeza Simón Bolívar, siempre mantuvo en alto su fe, su esperanza y su perseverancia. Vivió horas muy duras, de derrota, traiciones y persecuciones. Cuando parecía todo perdido, en una noche oscura, hundido hasta el cuello en las heladas aguas de una laguna, escondido de sus enemigos, uno de sus compañeros de infortunio le preguntó: ¿Y ahora qué haremos? No titubeó el Libertador para responder con voz firme, a pesar de la fiebre: ¡Triunfar!
Ese era Simón Bolívar y esa herencia nos dejó. La BBC de Londres ha registrado que, en su lucha, recorrió más kilómetros que general alguno en lo historia, a lomo de caballo, dicen que tenía callos en los glúteos. Se crece sobre Alejandro Magno y Napoleón, porque su lucha no fue para conquistar tierras, sino para liberarlas. Bolívar muere joven, exprimido y agotado por la causa de la independencia. ¿Y nosotros vamos a ser tanto menos que él? ¿Nos vamos a reducir a ser pulguitas del desaliento, a aceptar como triunfo la situación ignominiosa de un gran fraude electoral? ¿Soportaremos en nuestra conciencia el peso de esta colosal mentira?
¡Digo no y mil veces no! Reaccionar o morir.
Hay tres poemas, de tres diferentes autores de poesía romántica y exaltada, para describir la gesta del Libertador, a mí sus frases se me amalgaman en un solo poema. Que me perdonen Luis Llorens Torres, Andrés Mata y Tomás Ignacio Potentini, pero ahí va mi versión:
…Tenía la valentía del que lleva una espada,
tenía la cortesía del que lleva una flor,
entrando en los salones arrojaba la espada
y entrando en los combates arrojaba la flor.
De Lima a Quito, Bogotá y Pamplona.,
hasta el Valle que El Ávila corona,
fue una marcha triunfal,
se pusieron de pie cinco naciones
para verlo pasar.
Dicen que tuvo en su faz
lo que salva y lo que aterra:
rayo de muerte en la guerra
y arco iris en la paz.
Cuando creyeron quizás
que se cansaba su brazo,
hizo en la América un trazo
y volando casi loco
con aguas del Orinoco
fue a regar el Chimborazo.
Ese es mi afán; despertar a los venezolanos de este largo letargo de inercia y resignación. Busco canciones, busco poemas que me sirvan como arenga para despertar a mis compatriotas hacia sus eternas ansias de libertad. ¡Es hora de soñar despiertos!
¿Vamos a abandonar a nuestros héroes de hoy? Que los hay…, ¡sobre todo una!
Para seguir viviendo soportaré los golpes,
jamás me rendiré y aunque los sueños
se me rompan en pedazos,
¡Resistiré…! ¡RESISTIRÉ…!
Alicia Álamo Bartolomé