En cada momento crítico de la historia, los pueblos han tenido que tomar decisiones que marcan su destino. Hoy, Venezuela enfrenta una de esas encrucijadas. Con las elecciones regionales y parlamentarias del 25 de mayo, los ciudadanos debemos preguntarnos si permitiremos que el régimen siga avanzando sin resistencia o si, por el contrario, usaremos el voto como parte de nuestro mecanismo de lucha.
Votar el 25 de mayo es una forma de resistencia. Continuar con la lucha democrática es necesaria si queremos lograr los cambios que nos lleven a transformar nuestro país. No podemos repetir los errores del pasado. La historia reciente nos da muestra ejemplos claros de lo que ocurre cuando se deja el terreno libre: en 2005, la oposición decidió no participar en las elecciones legislativas, creyendo que con ello deslegitimaría al gobierno. El resultado fue devastador: el chavismo se quedó con la Asamblea Nacional y utilizó ese poder absoluto para someter al resto de las instituciones del país. Desde entonces, ha sido una escalada de control y represión que ha llevado a Venezuela a la crisis estructural que vivimos hoy.
Ante esta realidad, la resistencia democrática no puede limitarse a una elección, pero tampoco puede excluirla. La lucha es más compleja que simplemente votar o no votar. Es necesario organizarse, articularse y construir una estrategia común. Ahí es donde entra la Red Defensa Ciudadana de la Democracia (DECIDE), un espacio de encuentro donde ciudadanos, activistas y fuerzas democráticas se unen con un objetivo claro: fortalecer la capacidad de respuesta ante el avance del autoritarismo. El fin de esta red es encontrar una dirección colectiva y una estrategia coordinada que permita enfrentar con inteligencia y determinación los retos actuales. No se trata de disputar liderazgos individuales sino de entender que todos unidos podemos salir adelante, mientras que divididos solo vamos a naufragar frente al autoritarismo.
Quienes promueven la abstención deben entender que, en este momento, la ausencia de los demócratas no debilita al gobierno, lo fortalece. Sin una oposición organizada, el régimen avanza sin obstáculos, consolidando su dominio a través de mecanismos como la reforma constitucional que ya están impulsando sin ninguna participación de un actor distinto, con una visión distinta a la que ellos han impuesto. Nosotros creemos en la democracia, somos demócratas, y por tanto, debemos utilizar todos los recursos que la democracia nos ofrece para buscar un cambio, para seguir siendo un muro de resistencia frente a quienes quieren limitar cualquier forma de disidencia.
Venezuela y el mundo han cambiado desde el 28 de julio de 2024, y con ello deben cambiar también nuestras estrategias. Démosle una oportunidad a la participación, a la organización que promueve la Red DECIDE, escuchemos discutir a la sociedad civil sobre los asuntos públicos, ya que del debate de ideas pueden salir las respuestas que tanto necesitamos en este momento tan complejo.
Quienes hoy llaman a la abstención, en el fondo, están haciendo exactamente lo que el gobierno espera: que los ciudadanos se rindan, que abandonen el terreno de lucha y que dejen el camino libre. Votar no significa validar el sistema ni confiar en su transparencia. Ejercer nuestro derecho al voto se traduce en negarle al régimen la comodidad de un poder absoluto sin oposición. No basta con indignarse en redes o con expresar frustración, la única manera de cambiar la realidad es enfrentándola.
Si el gobierno quiere perpetuarse, que al menos tenga que enfrentar a una ciudadanía organizada, determinada y dispuesta a defender lo que queda de institucionalidad. Porque la verdadera derrota no está en perder una elección, sino en renunciar a la lucha.
Stalin González