Personeros del gobierno recién se reunieron con empresarios criollos – y seudo empresarios – para promover que inviertan en la maltrecha industria petrolera. ¿Estará terminando el ciclo de socialismo en Venezuela?
Venezuela estatizó sus industrias de petróleo, hierro y acero en 1976, creando desde entonces el clásico sistema socialista donde los principales medios de producción son propiedad del Estado – y se rechazó cualquier participación privada en esas industrias.
Por décadas el capital y la iniciativa privada han sido tratados en Venezuela como una especie de animal maligno al cual se debe enjaular y vigilar muy de cerca. Y – a pesar de todo – desde siempre ha persistido la iniciativa individual, buscando soluciones, tomando riesgos y cohabitando al son que le pusieran.
Desde los tiempos de la Corona, de las dictaduras y de una democracia sin garantías económicas, la iniciativa privada venezolana ha tenido que sobrevivir a la merced de arbitrios, favores, peajes, extorsiones y/o benevolencia del poder público – como en la Edad Media.
El resultado ha sido una histórica falta de competitividad y de productividad, poca capacidad para grandes inversiones privadas nacionales, y la urgencia del lucro rápido para proteger las inversiones ante las amenazantes condiciones y pocas oportunidades del entorno.
Todo derivó inexorablemente hacia la corrupción y su fiel compañero el compadrazgo, que fomentó la proliferación – desde siempre – de lo que hoy llamamos “enchufados”. Durante el último cuarto de siglo, lejos de tener una revolución lo que sufre Venezuela es la intensificación corregida y aumentada de todos los males del pasado.
Ahora, con los principales medios de producción en ruinas por la ineficiencia, el despilfarro, la corrupción, la falta de productividad y el repudio externo, el país entra en la verdadera carraplana – con un gobierno fracasado que pide agua por señas, pero aún sin querer quitarse el disfraz “socialista”.
La mayor parte del verdadero capital privado venezolano – incluso el mal habido por enchufados del propio sistema – emigró hace tiempo para salvarse de la espiral socialista que todo lo devora. Y mal volverá a petición de los mismos que lo ahuyentaron: El picado de culebra hasta del bejuco se asusta.
Los cantos de sirena de los recientes verdugos al capital nacional para oxigenar la golpeada industria petrolera están llamados al fracaso, pues sin un verdadero cambio de guardia aquí no resucitarán ni la credibilidad ni la confianza. ¡Basirruque no monta en coche! [1]
[1] Refrán venezolano para decir que uno no se deja engañar. Expresión de rechazo equivalente a “de ningún modo!”
Antonio A. Herrera-Vaillant