Las próximas canonizaciones del primer santo venezolano, doctor José Gregorio Hernández Cisneros, y de la primera santa venezolana, la Madre Carmen Elena Rendiles Martínez, es la clara indicación que nos hace el Señor de que la santidad es para todos los seres que han vencido el pecado.
Así lo expresó el sacerdote Omar Gutiérrez, ecónomo administrador de la Arquidiócesis de Barquisimeto y presbítero de la iglesia San Nicolás de Bari en Sarare, parroquia Simón Planas, al ser consultado por El Impulso en torno a la apreciación que tienen las autoridades eclesiásticas sobre la noticia de la canonización de la fundadora de la Congregación Siervas de Jesús en Venezuela.
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La pronta canonización de la beata Madre Carmen Elena Rendiles Martínez tiene un gran significado para la feligresía católica venezolana porque nos está indicando el Señor que la santidad es para todos, sin distingos. No es que en la Iglesia hay niveles de categoría y exista una clasificación de personas A, B y C. El Señor nos está diciendo que todos podemos pertenecer a una misma Iglesia que camina en la santidad diaria.
Y que nos está diciendo el Señor todo el pueblo de Dios
El Papa Francisco ha aprobado la canonización de la primera santa venezolana, la madre María Carmen Elena Rendiles Martínez, fundadora de la congregación Siervas de Jesús en Venezuela. Hija de Ramiro Rendiles y Ana Antonia Martínez, Carmen Elena nació en Caracas el 11 de agosto de 1903 y falleció el 16 de junio de 1977 en la misma ciudad. Fue la tercera de nueve hermanos.
A pesar de venir al mundo sin su brazo izquierdo creció al lado de sus hermanos con independencia y espíritu de liderazgo lo que llevó a los miembros de su familia a llevar con mejor ánimo el obstáculo que jamás le impidió desarrollarse y destacar en su vida familiar y social.
A los quince años ya expresaba su deseo de dedicarse a Dios. Una debilidad pulmonar durante su adolescencia hizo que estuviera varios meses en proceso de recuperación durante los cuales se desarrolló con su inclinación por dedicarse a la oración y se despertó su vocación religiosa. Se hizo catequista y fuente de apostolado para su familia y allegados.
El 27 de febrero de 1927, a los 24 años y luego de tocar a varios conventos se le abrieron las puertas de la Congregación de Siervas de Jesús en el Santísimo Sacramento, en Caracas, una institución de origen francés recién llegada a Venezuela, que no vestían hábito para colmar los deseos de humildad y pobreza.
Ese mismo año, el 8 de septiembre, inició el noviciado de la congregación luego de concretar los estudios y la preparación previa. El 8 de septiembre de 1932 emitió los votos perpetuos que la hicieron que la hicieron integrante definitiva de esta familia religiosa. Sus hermanas religiosas aseguraban que era fuente de alegría dentro de la congregación, dejando una huella imborrable en todas las que pudieron compartir a su lado.
Era una persona sumamente piadosa que se mantenía cerca de nosotras como una hermana más. Nos enseñó a amar a Jesús en la eucaristía y permanecer siempre en oración, aseguró la hermana Teresita Hurtado, quien la recordaba con mucho cariño. A partir de 1942 inicia su labor educativa fundando los Colegios Betania, Santa Ana, Belén y Nuestra Señora del Rosario. En el servicio que prestaba a varias parroquias también contribuyeron con la elaboración de las hostias y ornamentos litúrgicos.
A los 33 años la madre Carmen fue nombrada maestra de novicias y en 1947 fue ascendida a superiora de la Casa Madre en Venezuela. Bajo su liderazgo las obras de la institución se expandieron por varios estados del país, siempre enfocadas al servicio del prójimo.
La sencillez con que vivió la llevó a construir varias piezas del mobiliario que la congregación usó en su sede principal. Hoy algunas de esas piezas se conservan en el museo como Superiora Provincial la madre Carmen se opone cuando el gobierno general de la congregación en Francia, después del Concilio Vaticano II, decide establecerse como instituto secular, hecho que implicaba una transformación en el carisma fundamental.
Con firmeza la madre Carmen consulta a sus hermanas y al Episcopado venezolano y con el especial apoyo de Humberto Cardenal Quintero inicia el proceso de separación de la comunidad francesa, que culminó en 1965 con la constitución de una nueva congregación religiosa que se llamaría en adelante “Siervas de Jesús” en Venezuela.
En 1969 es nombrada Superiora General, cargo que desempeñó con autoridad, pero con mucha caridad hacia sus hermanas y enriqueció su naturaleza humana siempre confiando en Dios y transmitiendo su ejemplo a las Siervas de Jesús.
El 9 de mayo de 1977, poco después de haber cumplido medio siglo de vida religiosa, la madre Carmen muere en Caracas en olor de santidad. La habitación que ocupó en el Colegio Belén fue convertida en oratorio en el que las hermanas se dedican a la oración del Santísimo Sacramento.
El 9 de marzo de 1995 comienza el proceso para su beatificación. 18 años después, el 5 de julio de 2013 el Papa Francisco la declaró Venerable de la Iglesia al reconocer que ejerció las virtudes cristianas en grado heroico.
El 18 de diciembre de 2017 la Santa Sede aprobó un milagro ocurrido por la intercesión de la madre Carmen, que sanó el brazo de la doctora venezolana Trinette Durán de Branger. Así la madre Carmen fue elevada a los altares como beata el 16 de junio de 2018 en ceremonia efectuada en el Estadio Universitario de Caracas, presidida por el enviado del Papa Francisco, el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.