El origen de las fiestas carnestolendas en la cultura cristiano occidental está asociado a las expresiones de la cultura popular durante la antigüedad de carácter pagano en distintos países.
La fiesta históricamente presenta dos caretas. Y está asociada al principio a los placeres carnales con su bacanales por quienes ejercían el poder en el imperio romano y más su realización en honor al Dios Vaco del licor. De allí lo pagano de la celebración. En contraste los cristianos la concebían como un rito de características religiosas en preparación para la Cuaresma y Semana Santa..
Con el triunfo del Cristianismo lo tolera y absorbe para asumir una diversidad de formas en cada país en concordancia con su cultura. Pero sin duda constituía el momento para hacer una pausa por parte de los arriba y abajo en las cosificantes labores cotidianas del hombre.
En Venezuela, en los tiempos de la Guerra Fría, el entonces coronel Marcos Pérez Jiménez se hizo con el poder en noviembre de 1948 mediante un golpe militar contra el presidente constitucional, Rómulo Gallegos.
El nativo del estado Táchira gustaba de las fiestas, entre estas desde luego las de carnaval. En su estado natal fungió de promotor de las mismas.
Convertido en jefe de Estado pasa a ser un entusiasta organizador de los carnavales en Caracas. Nunca faltaba a los rumbosos bailes en el Hotel Tamanaco donde era el primero en bailar con la reina tras coronarse. Los eventos eran animados principalmente por la orquesta Billos Caracas Boys y otras agrupaciones de la época.
Aquello era la expresión del pan y circo para los habitantes de un pueblo al que privaron de su libertad al precio de la cruel represión ejercida por la temida policía política de la Seguridad Nacional (SN).
Mientras que en la provinciana ciudad de Barquisimeto, con menos de 100 mil habitantes, la situación era similar con fiestas en los clubes: Country Club, Comercio, Cuatricentenario y Ayarí reservados para la élite.
Entre los entusiastas organizadores, durante una parte de la década de 1950, figuran la bella Gloria Cupú, quien en una ocasión fue su reina y su padre el empresario César Cupú, el periodista Manuel Felipe López y el músico Juancho Lucena..
El punto de partida del desfile de las carrozas, comparsas y disfraces era la Plaza Lara para desembocar en la Avenida Veinte. Todo en un ambiente de cautela por la permanente vigilancia de la temida policía política, Seguridad Nacional (SN).
En dictadura siempre funcionan las restricciones a las diversas actividades del hombre para evitar se rebele. Por lo que en Barquisimeto la tiranía ejerce el más estricto control sobre la festividad del Rey Momo.
Principalmente las actividades realizadas en la calle donde concurría la gente de los estratos populares. Las limitaciones están orientadas a garantizar la observancia de la moral pública. 7 Por ende, estaba estrictamente prohibido por la Prefectura de Iribarren el uso de disfraces en los lugares públicos.
Los agentes de la SN estaban en todas partes apoyados por su red de confidentes o sapos, entre estos la peligrosa “Chispita”, quien acusó a más de un inocente, entre estos “el Negro” Miguel Salas, un ejemplar ciudadano ajeno a la actividad política, víctima de una paliza con garrote en la sede de la SN en la carrera 19 entre 23 y 24.
Con todo, la resistencia encabezada por los partidos Acción Democrática y el PCV se las ingenia para burlar la estricta vigilancia policial y militar. Es la oportunidad para realizar actividades de agitación propagan y denuncia de los abusos del régimen de facto en la capital larense y el resto del país.
Ello más los desórdenes ocasionados por la gente en la calle cuando jugaba carnaval con agua y otras sustancias nocivas no bien vistas por el régimen. Éste los disolvió con sus cuerpos armados. Pero la población descargaba así las energías contenidas al tiempo que se divertían al recibir un baño callejero con un tobo. No faltaba la harina con la cual impregnaban a algunos. En el antiguo mercado El Manteco lo hacían, con especies agrícolas podridas, entre éstos los caleteros.
A quien sorprendían las fuerzas del orden, participando en este tipo de acción, era detenido y golpeado con peinilla por alteración de la paz pública.
Hechos que conllevan en el año 1954 a la prohibición de las fiestas por la tiranía temerosa de los mensajes libertarios de la resistencia y la confirmación de que había oposición a la misma. Pues los mismos hacían añico su falsa prédica de la existencia de paz, estabilidad y control social y político.
El carnaval sigue siendo una explosión de alegría popular, que aprovecha el oprimido pueblo para escapar de este valle de lágrimas y seguir sobrellevando la pesada carga de la cruz.
Freddy Torrealba Z.