Desde hace meses, invitados sorpresa se sientan a la mesa de las negociaciones de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC: escándalos de espionaje y ataques cibernéticos, que amenazan el proceso y evidencian la vulnerabilidad de las comunicaciones.
El último de esos episodios fue revelado el sábado por el representante del presidente, Juan Manuel Santos, en los diálogos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, comunistas), Humberto de la Calle, quien denunció la interceptación ilegal de su correo electrónico, así como intentos de acceder a su teléfono móvil.
Este caso, confirmado por autoridades policiales que informaron haber detectado «un software intruso» en los equipos electrónicos del jefe negociador del gobierno, ha encendido alarmas sobre los riesgos para los diálogos que avanzan desde noviembre de 2012 en Cuba.
El fiscal general de Colombia, Eduardo Montealegre, sugirió esta semana que «estarían vinculados miembros de la inteligencia de la Fuerza Pública colombiana y personas enemigas del proceso de paz», y anunció que se pedirán órdenes de captura por «violación ilícita de comunicaciones y espionaje».
Sepúlveda trabajaba para la campaña del candidato presidencial opositor Óscar Iván Zuluaga, apadrinado por el expresidente Álvaro Uribe, actual senador y líder de la oposición a los diálogos con las FARC.
«Esto es una amenaza porque se trató de intentos, en todos los casos, de interceptar correos, de entrar a sus mensajes de texto, a sus conversaciones (…) y cualquier información de orden personal o sobre el proceso, en medio de una negociación tan difícil, puede ser magnificada de hacerse pública», dijo a la AFP Jorge Restrepo, director del centro de investigación sobre el conflicto colombiano CERAC.