Admirado por unos, criticado por otros, Ryszard Kapuscinski ha sido uno de los periodistas más influyentes no desde la óptica mediática, sino desde el ejercicio de un oficio vivido como una manera de participar en los cambios de mentalidades del mundo.
Visibilizó a partir de la historia de seres comunes, la tragedia de lo que significan las guerras civiles y lo que suelen llamarse en una especie de nuevo Archivo General de las Indias, las “revoluciones” de América Latina y del continente africano. No podía ser de otra manera para quien hizo del desplazamiento físico, una de las razones de su oficio:
“Nací en Polesia (hoy Bielorrusia) y pertenezco, por tanto, a la estirpe de los desarraigados. Mi Pinsk natal fue el puntode partida para el largo peregrinaje de mi vida. Ya de niño me tocó desplazarme de un lugar a otro. Durante toda la guerra, no paramos de huir: ya abandonando Pinsk para pasar al lado alemán, ya escapándonos de los alemanes. Empecé a deambular por el mundo a alos siete años, y aún sigo hasta hoy”.
Esto nos dice en “El mundo de hoy” quien muriera a los 75 años hace siete años, en “Autorretrato de un Reportero”, especie de collage autobiográfico que incluye fragmentos de entrevistas y conferencias, citas de sus libros, publicados por Anagrama a partir de mil doscientas páginas de textos mecanografiados entregados por quien nos dejara reportajes que no eludieron una toma de posición frente a los problemas nilúcidas reflexiones sobre lo contemporáneo.
Se interesó por los países y lugares más remotos y desconocidos; indagó conviviendo con la gente, casi siempre sin apoyo de agencias internacionales. Criticó la cobertura hecha desde grandes hoteles, aséptica, repetidora de los boletines oficiales de gobiernos del Tercer mundo o acorde con intereses económicos ajenos al quehacer periodístico: “Una gran manada de trabajadores de medios se mueve de un lugar a otro del mundo creando una brutal centralización de la noticia”, escribió quien se equivocó y acertó en sus apreciaciones como toda persona comprometida y corrió el riesgo y lo asumió desde una ética personal incuestionable.
Acusado por sus detractores de haber sido espía comunista para poder salir del país y moverse con libertad, sus libros, reportajes y diarios reflejan un hombre que trató de entender el mundo desde la perspectiva de sus protagonistas. Su actitud frente a las injusticias y desigualdades le indujo a darlas a conocer a través de reportajes que han quedado como muestra de la fuerza de la escritura.
Invitado asiduo de la “Fundación para el Nuevo Periodismo Latinoamericano”, fundada por el Gabo, insistió en el ejercicio periodístico ajeno a divismos o títulos. Sus libros sobre el derrumbe de la URSS, el Sha de Irán, el papel del futbol en Latinoamérica, su periplo por elÁfrica profunda en Ébano, Lapidarium y este libro, demuestran que los cínicos no sirven para el oficio periodístico.
Las voces de Penélope – De libros y de cínicos
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Rafael Rodríguez: Onda tropical, vaguada ecuatorial y un núcleo de vientos hicieron más intensas las lluvias #10Nov
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