Pareciera que en materia electoral, el 2014 se presentará como un año atípico, por decir lo menos. Tan acostumbrados que estábamos a las campañas anticipadas y al ambiente comicial, que luego de quince años sufragando, cuesta digerir la noticia, tras el anuncio por parte del Consejo Nacional Electoral. Sin duda alguna, en cuanto a democracia se refiere, tal práctica política se agrega a otras que, singularidad de por medio, precisamente, posibilitan hablar de Venezuela como una entidad sui generis.
La trayectoria que en tal sentido exhibimos, a juicio de Tibisay Lucena, presidenta del máximo órgano comicial, muestra que entre 1998 y 2013 se realizaron 19 procesos electorales, entre los que se cuentan presidenciales, parlamentarias, de referéndum constitucional, de asamblea constituyente, de referéndum sindical, ratificación de poderes, referendo revocatorio, elecciones de gobernadores, de alcaldes y cargos pendientes en algunas entidades federales del país.
Difícil que durante ese período, aproximadamente equivalente al de formación de una generación, no se asista a un cambio en la cultura política del venezolano; y, sin embargo, hay quienes continúan empeñados en hacernos ver lo contario. Pero se sabe que los dispositivos mentales para el análisis tienden a clausurarse, al igual que ocurre con cualquier sistema, tratándose del sistema cognitivo. Se cierran así, las posibilidades del reconocimiento a la otredad, como una de las claves para romper con la lógica política sobre la cual se asienta el imaginario venezolano en los últimos años.
Independientemente de los resultados electorales y la lectura que cada sector hace de ellos, lo específico de la coyuntura electoral reciente y algunos eventos posteriores, entre otras apreciaciones, permite señalar lo siguiente: Primero, se debilitó la argumentación del fraude, casi hasta desaparecer del análisis, aun cuando la referencia al ventajismo del gobierno, se mantuvo. En Guasdualito, (Apure), el candidato de la MUD ganó con una ventaja de 0,61 puntos. El reconocimiento oficial no se hizo esperar y, de ilegitimidad, nadie habla.
Segundo, en medio del llamado del Presidente Maduro y la convocatoria a los alcaldes electos a Miraflores, la declaratoria pública apuntó, igualmente a la invocación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, como marco para la gestión pública que acometerán; además, de una disposición al diálogo que no significa de ninguna manera claudicar ante sus principios.
De la promoción y defensa que hace de su proyecto político todo el que esté en ejercicio de gobierno, merced los mecanismos de poder a su alcance, es proverbial y está llena de ejemplos la historia, tanto mundial como nacional, por los siglos de los siglos. Llámese con propiedad lucha de clases, diferencias y contradicciones, según la perspectiva analítica que se adopte. El grado de confrontación expresará lo que ahora se conoce con el nombre de polarización.
Tal vez el potencial de redención que se le coloca a la oposición organizada y la manera como lo presentan, se sostiene sobre la base de profundizar las diferencias a ultranza con el gobierno y no hacerle reconocimiento alguno, que es como alimentar esa polarización para sobrevivir con ella. Más allá del gobierno, también hay una realidad que está siendo construida por un colectivo, para nada desprevenido.
No es como sostiene, por ejemplo, Leonardo Padrón, en su llamado a renunciar al silencio, al ostracismo, a la indiferencia (El Nacional, 22 / 12 / 2013), refiriéndose a los motorizados que construyeron salvajemente su república salvaje en el asfalto; ni es como afirma Tulio Hernández, en alusión a los compatriotas residenciados en el exterior que no renuncian a la hallacas. Ni las añoranzas que por la democracia de la segunda mitad del siglo pasado intenta contagiarnos el maestro Elías Pino Iturrieta. Sé de otros motorizados que construyen su hogar y parte del país con su trabajo honesto y digno. Conozco de jóvenes venezolanos que no emigraron y forma parte activa de las luchas por mayores libertades, mejores derechos, organizados en grupos de autoayuda, de apoyo, emprendedores organizados para el trabajo. También aquí permanecen fieles a las tradiciones nuestras. Sin eximir al gobierno de sus responsabilidades, creo que la generación actual, a su modo, en otro contexto, construye la democracia.
El imaginario social necesita de otros referentes. Feliz Año 2014.
Planteamientos – 2014: ¿Sin elecciones?
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