Visitar el cementerio municipal de Quíbor representa, no sólo un sacrificio sino también un riesgo por el abandono en que le tienen sumido las autoridades a las que corresponde su mantenimiento.
En primer lugar, la mayor parte está cubierta por la maleza y hasta bosques que ya han adquirido la categoría de selvas ante la indiferencia de los funcionarios a los que corresponde su eliminación.
Esa indiferencia se puede notar tan pronto se ingresa a la pequeña iglesia ubicada en la entrada, la que hasta hace algún tiempo era utilizada para los velatorios por parte de familias de pocos recursos, incapaces de poder pagar capillas velatorias particulares.
«Esos velorios ya no pueden hacerse en esta capillita porque los malandros comenzaron a atracar a las personas aprovechando la falta de patrullaje policial», manifestó uno de los obreros que allí se dedican a la construcción o mantenimiento de tumbas, quien prefirió mantener el anonimato.
Pero, una vez se ingresa al camposanto, puede observarse cómo las tumbas están cubiertas por la maleza al punto de que algunas es dificil divisarlas.
«Es que desde hace mucho tiempo la alcaldía no ordena un operativo de limpieza en este cementerio y lo que no está enmontado es porque los dolientes limpian con sus propios medios», manifestó Reinaldo Castaneira, preocupado por esa situación.
Especialmente a los sectores más alejados de la entrada representa un riesgo llegar, por el monte, las culebras o por los delincuentes que aprovechan la soledad para despojar a los visitantes de lo poco que puedan cargar.
William Daza, «Chano», también esta preocupado por la poca o nula atención brindada al camposanto quiboreño.
«Aquí se encuentran sepultadas figuras importantes, como el cabo José Bernardo Dorantes, primer corneta del Libertador Simón Bolívar, el doctor Baudilio Lara, o el cura Pepe Coloma, además de otras personalidades y merece más atención», expresó.
En realidad apenas se encuentran intransitables tres o cuatro veredas de las zonas centrales pues de las ubicadas en las afueras no se puede decir lo mismo, incluso, existen sectores hasta los que resulta imposible llegar.
Angi Rodríguez acude los lunes a ponerle flores y velas a un familiar fallecido y tiene sus argumentos para hacerlo ese día y no otros de la semana.
«Nosotros venimos los lunes porque ese día las ánimas nos protegen de los malandros y nosotros aprovechamos esa protección», dijo Rodríguez.
Lo decía en un lugar por donde los antisociales ingresan a esconderse luego de cometer sus fechorías en otro sector de las ciudad.
Allí, en el lado sur del camposanto, poco a poco fueron destruyendo la pared al punto de que ya han desaparecido unos cuantos metros de la misma y no se observan intenciones por parte de funcionarios de la alcaldía de reponerla.
«De noche se ve o se oye cuando pasan corriendo hacia el interior del cementerio para esconderse de la policía que no se atreve a meterse para perseguirlos», dijo otra de las personas presentes.
Recordó que el año pasado, en una fosa abierta, fueron encontrados artículos electrodomésticos que, lógicamente, eran producto de robos en la ciudad.
«Es que esto no tiene ninguna vigilancia y tanto los visitantes como los obreros que aquí trabajan tienen que protegerse entre ellos mismos de los malandros», afirmó «Chano».
Con respecto a la limpieza, el dirigente comunal Nelson Pineda informó que en enero desde la gobernación se limpió un sector esperando que la alcaldía hiciera lo propio, lo que no ocurrió.
Fotos: Luis Salazar