Hoy nuestro país atraviesa uno de los peores momentos de su historia, que echa al traste todos los legados patrios por los que lucharon nuestros próceres.
Venezuela está dividida y eso deshonra a Miranda, a Sucre, a Bolívar… ¿Todo por qué? Quisiéramos tener una explicación simple, pero todas encajan en la complejidad. En el ’98 comenzó a rodar el fuerte rumor de que alguien vendría a implantar justicia social y disciplina en el gasto, que ello impulsaría el desarrollo integral del país, ese alguien llegó: Hugo Chávez Frías, acompañado de un tren de gobernantes obedientes a sus mandatos.
15 años más tarde de aquel rumor nos encontramos con un país mediocremente invivible, ¡Sí! Mediocremente porque Venezuela (por sus características) es el país más rico del mundo, con el mayor potencial de vida envidiable en los 5 continentes, pero sus habitantes aceptan vivir como se tratase de un país pobre, mísero. Y ¡Sí! Invivible, porque en la Venezuela de hoy dominada por inseguridad, desempleo e inflación pues sus habitantes lo que hacemos es sobrevivir. Tenemos alcaldes, su labor fundamental es ser los conserjes de nuestras ciudades, pero nuestras calles viven anegadas en huecos, llenas de basura, sin alumbrados, sin señalización, en fin, ciudades en la sumisión de la desidia.
Tenemos gobernadores, sus fines son propiciar desarrollo y bienestar, pero los estados venezolanos se encuentran en retroceso, sin ni siquiera vías decentes de comunicación terrestre, hospitales que son centro de acopios de enfermos, los estados turistas no hacen uso de sus ventajas naturales, los agrícolas no generan producción, no existe crecimiento económico en las regiones.
Tenemos un presidente, quien debería ser el principal propulsor de nuestro desarrollo, pero no práctica el consenso, ni el dialogo, ni la sindéresis, se enfrasca en el ensayo y error aprovechando la inconmensurable renta de petrodólares que a diario entran a Venezuela para enmendar con políticas sociales sus desaciertos. ¿Qué depara todo esto? La Venezuela que hoy existe, invivible. ¿Quiénes son los culpables? ¿Los gobernadores, los alcaldes o el presidente? Creemos que ellos tienen menos de la mitad de la culpa, porque el verdadero culpable es el pueblo por permitir que los gobernantes se conviertan en jefes, comandantes o deidades cuando en realidad los gobernantes son empleados del pueblo para velar sus intereses con resultados palpables, tangibles, que redunden en mejor calidad de vida, no en promesas que jamás cumplen.