Cada vez que entro a una oficina pública me indigna ver afiches de aventureros errantes como el «Che» Guevara, como si en Venezuela no hubiera figuras como el Negro Primero, Ricaurte, el general Antonio Paredes contra Gómez o Andrés Eloy en la resistencia contra la dictadura militar.
La semana pasada concluyó la VI Cumbre de las Américas, el Foro Presidencial ad hoc de la OEA, visto que la máxima instancia reglamentaria de la organización es la Reunión de Cancilleres, la cual como órgano político ha debido lidiar con casos como el de Cuba. De ahí el odio visceral que Fidel Castro siente por la organización por haberlo excluido de su seno, cuando la califica de «repudiable».
No hay que confundir gato por liebre, el pueblo cubano es una cosa y otra los Castros y su régimen. Aunque hoy en día se pretenda contar otra historia, Cuba nunca fue expulsada de la OEA. La dictadura cubana fue excluida por la identificación del régimen con el marxismo leninismo. El gobierno de Castro fue suspendido por representar un régimen incompatible con el sistema de libertades de las democracias occidentales.
No se debe olvidar que la democracia incipiente en el ’58 realizo el primer «botellón» para recabar fondos para Fidel; de Venezuela salieron armas para la lucha en la Sierra Maestra; en cambio Fidel retribuyó este apoyo financiando el terrorismo, sabotaje, la insurrección, invasiones como Machurucuto, con consignas como la de matar un policía todas las noches: Razón tuvo Rómulo Betancourt cuando le negó el apoyo financiero que Fidel le vino a solicitar.
La torpe política de los EE.UU con el bloqueo ha sido un error; pero plantear el reingreso de Cuba a la OEA es caerse a mentiras y más perder el tiempo de una Cumbre, cuando hay problemas más graves en la región, al discutir lo ya resuelto durante la Asamblea General en San Pedro Sula, Honduras.
Cuba no ha reingresado por decisión propia. Desde la época de presidente Carlos Andrés Pérez durante la xv Reunión de Consulta en Quito en 1974 se dieron los primeros pasos para la revocación de las sanciones a la isla; proceso que se completó totalmente en el 2009 con la Resolución 2438 del 3/06/09, al acordar que la participación de Cuba en la OEA, se debía «al resultado de un proceso de diálogo conformidad con las prácticas, los propósitos y principios de la OEA».
Es la dictadura castrista la que no ha manifestado su voluntad de gestionar su reingreso, más bien ha expresado que no lo hará. Evidentemente no lo hace ni hará porque la organización exige a sus miembros llenar los requisitos establecidos en la Carta Democrática que no coinciden con las características de la dictadura cubana.
Así que no hay que gastar pólvora en zamuro. Cuando Cuba decida aceptar las reglas democráticas tiene las puertas abiertas.