El presidente mexicano Felipe Calderón citó particularmente a Venezuela como un ejemplo de un país que no ha actuado y se ha acomodado a la violencia. Para hacer un balance comparativo, declaró que en México ocurren 18 asesinatos por cada 100 mil habitantes, mientras que en Venezuela serían 57 por cada 100 mil según sus cifras, interrogado por varios periodistas de Televisa.
Con tristeza, los centros de investigación de las universidades nacionales que forman parte del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) informaron al país que el 2011 concluyó como el año más violento de la historia nacional, como aquel en el cual se han cometido más homicidios, para un total de 19.336 personas asesinadas.
Todos los días el tema obligado es la violencia, la pregunta de todo el mundo es: «¿Cómo pudo Dios permitir que sucediera esto?” (Se refieren al asesinato de niños, violaciones, muertes de jóvenes y padres de familia). El cardenal y arzobispo de Caracas dio una respuesta sumamente profunda y llena de sabiduría. Dijo: «Al igual que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por estos sucesos, pero durante años hemos estado diciéndole a Dios que se salga de nuestras escuelas, que se salga de nuestro gobierno y que se salga de nuestras vidas”. Y siendo el caballero que Él es, creo que se ha retirado tranquilamente. ¿Cómo podemos esperar que Dios nos dé Su bendición y Su protección cuando le hemos exigido que nos deje estar solos?» A la luz de ciertos sucesos recientes… bandadas de jóvenes asaltando y matando por placer, drogas hasta en las iglesias, balaceras en las escuelas, etc. Creo que todo comenzó cuando se prohibió que se hiciesen oraciones en nuestras escuelas. Luego alguien dijo que mejor no se leyera la Biblia en las escuelas. La Biblia dice no matarás, no robarás, amarás a tu prójimo como a ti mismo. Luego se dijo que no debíamos castigar a nuestros hijos cuando se portan mal porque sus pequeñas personalidades se truncarían y podríamos lastimar su autoestima. Y pensamos que los expertos sabían lo que estaban diciendo. Y hemos visto cómo la delincuencia juvenil ha venido creciendo en forma exponencial. Luego alguien dijo que los maestros y directores de los colegios no deberían disciplinar a nuestros hijos cuando se portaban mal. Las autoridades de educación ordenaron por vía judicial que ningún miembro de las directivas de las escuelas reprendiera ni reprobara a ningún estudiante que se porte mal. (Hay una gran diferencia entre disciplinar, tocar, golpear, humillar, etc.). Luego alguien dijo, dejemos que nuestros hijos tengan libertad sexual, y ni siquiera tienen que decirles a sus padres. Luego se dijo: “los muchachos pueden tomar anticonceptivos y siempre van a ser muchachos, y de todos modos lo van a hacer”. Luego algunos de nuestros principales funcionarios públicos dijeron que no importaba lo que hacemos en privado, mientras cumplamos con nuestro trabajo. Estuvimos de acuerdo con ellos y dijimos, no me importa que alguien hable obscenidades por televisión hasta por satélite al mundo, incluyendo al Presidente, y lo que haga en su vida privada, mientras yo tenga un trabajo y haya dinero en la calle para regalar, está bien.
Luego alguien dijo vamos a imprimir revistas con fotografías de mujeres desnudas y decir que esto es una apreciación sana y realista de la belleza del cuerpo femenino. Y luego alguien llevó más allá esa apreciación y publicó fotografías de niños desnudos, llevándola aún más allá cuando las colocó en Internet. Luego la industria de las diversiones dijo, hagamos shows por televisión y películas que promuevan lo profano, la violencia y el sexo ilícito. Grabemos música que estimule las violaciones, las drogas, los suicidios y los temas satánicos. Y dijimos, no es más que diversión, no tiene efectos negativos, de todos modos nadie lo toma en serio, así que adelante. Ahora nos preguntamos: ¿por qué nuestros niños no tienen conciencia, por qué no saben distinguir entre el bien y el mal, y por qué no les preocupa matar a desconocidos, a sus compañeros de escuela, o hasta a sus maestros?