Venezuela es única en todos los aspectos, naturalmente se le ha dado en exceso lo que se requiere para lograr ser una potencia, sin embargo ocurren cosas supremamente difíciles de creer, a ver: El asfalto es el desperdicio del petróleo, como saben es lo que se usa para hacer las calles transitables, hoy día basta salir de nuestros hogares y ser víctimas de huecos que reflejan desidia, pero desidia de la mala, la peor, que denota negligencia gubernamental y conformismo ciudadano… ¡por Dios, es asfalto! Lo que sobra en un país petrolero, pero como los fines del país están sin rumbo hasta el asfalto escasea.
El campo venezolano está abandonado, se importa al menos el 70% de lo que consumimos. Ahora bien, la agricultura es quizá la principal política de un país que se respete así mismo, ya que de ella se puede garantizar soberanía alimenticia, además de ser una excelente fuente generadora de empleo.
Pues en Venezuela hasta las caraotas se están importando. Los medios de transporte representan un mecanismo útil para medir el nivel de calidad de vida de un país.
En Venezuela encontramos hoy unas autopistas que a parte de su mal estado se han hecho insuficientes, lo que las ha convertido en vías de incomunicación.
En nuestra nación la creación de nuevas autopistas debe ser una prioridad, más aún, la construcción de un tejido férreo que permita a los venezolanos un medio de transporte rápido, seguro y económico.
De igual forma, las busetas y taxis deben dejar de ser el principal medio de transporte, todas las ciudades de un país tan rico como el nuestro deben tener su Metro. Pero no, los venezolanos hoy día fijamos nuestra atención en escuchar discursos provenientes de políticos para hacerles el juego. Así mismo, para que un profesional universitario pueda ejercer en otro país debe someterse a un riguroso procedimiento legal y administrativo, para así controlar las plazas laborales que los profesionales del país receptor pudieran requerir, pero aquí importamos médicos de Cuba mientras que los nuestros los desahuciamos con salarios pírricos y hospitales desasistidos.
Si los venezolanos nos respetáramos, honestamente, exigiríamos que el problema de la delincuencia sea resuelto inmediatamente, ejerceríamos presiones de todo tipo, no puede ser que en el país mejor bendecido por la naturaleza se encuentre sometido por delincuentes, gobernantes desfasados de nuestras principales necesidades y por ciudadanos que aceptan vivir con las calamidades que ello implica.