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#opinión: La comunicación asertiva por: Sira Vargas Rodríguez


diciembre 09, 2012

Tenemos inconvenientes generalmente en nuestro sitio de trabajo y en la familia por no calibrar lo que decimos, por excedernos al hablar o todo lo contrario, por callar lo que pensamos y sentimos. La comunicación juega un papel muy importante en la vida de cada ser humano puesto que es a través de ella que nos relacionamos con el mundo. Por medio de la palabra hablada y la gestual le decimos a nuestros semejantes, lo que pensamos y sentimos, es decir, nos expresamos. La palabra escrita es necesaria e importante pero no para el común de las interacciones. Al hablar sacamos a relucir lo que está en nuestro corazón y en nuestro pensamiento. Si dijimos algo es porque pasó por el filtro de nuestro pensamiento. Así que no hay excusa, cuando hablamos, lanzamos al aire los pensamientos. Cuando ofendemos, agredimos o elogiamos sinceramente, eso ha pasado primero por el tamiz de la mente. Reflejamos lo que somos. Cuando las personas agreden verbalmente, insultan es porque se sienten así, lo que dicen es lo que ellos están viviendo. Alguien quien sufra un infierno interno, no se sienta querido, apreciado, quien tenga baja autoestima, lo reflejará con sus palabras y acciones. Por ello no debemos engancharnos a pelear o a discutir con un agresor porque él o ella están reflejando cómo se sienten con lo que dicen. Su yo está resentido, el yo inferior domina a esa persona al punto que tiene tan tanta basura en su corazón y en su mente, que no tiene otra alternativa que tratar de tirarla al primero que consiga. Por los hechos los conocerás, dice el Evangelio, por lo tanto, mis hechos reflejan lo que siento, lo que pienso, lo que tengo en mi corazón, porque de la abundancia del corazón habla la boca. Debemos evaluar cada palabra porque una vez que son expresadas, no se pueden recoger. Ellas nos liberan o nos condenan. Por eso, una persona que insulta y que agrede con palabras ofensivas o con obscenidades se está condenando, y recogerá lo que ha cosechado. Dichas palabras no sólo tienen un impacto en el otro, sino también en quien las pronuncia. Van dañando sus células. Cada una de ellas constituye una pequeña antena que vigila todo lo que hablamos y pensamos para luego expresarse a través de enfermedades. Por eso decimos, que las palabras liberan o condenan. Por todo lo antes expuesto, la comunicación asertiva significa una conversación donde el respeto y la tolerancia hacia el otro son la norma. Esto tiene que ver con el tono en el cual nos expresamos, con las palabras que decimos y cómo enviamos el mensaje, es decir, la intención. Si somos asertivos, somos oportunos, hablamos cuando tenemos que hacerlo, nuestro verbo construye cuando intervenimos, tenemos tacto para hablar, para no hacer daño con las palabras. Además, buscamos el diálogo como única forma de entendimiento. No significa que callemos lo que pensamos, todo lo contrario, que lo digamos sin causar malestar en el otro, porque buscamos las frases y el tono correcto para expresar el mensaje, es decir, confrontamos sin ofender. Usamos de esta forma nuestro libre albedrio, no perdemos nuestra fuerza interna que está representada por poder decir lo que pensamos y sentimos, pero de una manera que no me haga daño ni a mí, ni a mi interlocutor. El diálogo es una manera adecuada de dirimir diferencias, no de agrandarlas. En la familia, en la pareja, en las relaciones de amigos o de compañeros de trabajo hay muchos roces y problemas porque falla la comunicación. Se tiende a agredir, a maltratar, a humillar con el discurso, porque nuestro ego prevalece, perdiendo de esa manera la posibilidad de acercarnos al otro, de amar al prójimo como a nosotros mismos. Si la palabra nos aleja de nuestros amigos, familiares o relacionados eso desdice mucho de nuestra condición de seres racionales, nos rebaja a una categoría de seres inferiores porque no valoramos la capacidad que nos dio el Creador de usar la palabra para crear, para construir, para mediar, y así tener empatía con el otro. Revisemos cómo nos comunicamos haciendo una autoevaluación, evaluemos también nuestro ego, porque cuando nos ofenden es porque nuestra estima es baja y debemos darnos cuenta que si el otro nos maltrata es porque se lo permitimos, es porque nos sentimos tan mal como él o ella. Cuando nos ofendemos se prende una alarma, vamos a revisarla para determinar por qué nos ofendieron, qué reflejo yo como persona para que alguien me trate mal y vamos a disponernos a corregir en lo que estamos fallando. Si nos dicen alguna palabra humillante, debemos ver, ¿me veo reflejada en esa persona?, ¿qué ha permitido que el otro me vea así?, ¿será que lo que veo en el otro es lo que yo soy?, ¿cómo puedo controlar mi ego para que no me ofenda lo que me dicen? siramlr@hotmail.com

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